La violencia sexual sigue siendo una de las problemáticas más dolorosas y urgentes en el Tolima.
Ibagué. Durante 2025, el Sistema de Vigilancia en Salud Pública (SIVIGILA) registró 1.259 casos en el departamento, una cifra que evidencia la magnitud del desafío y la necesidad de una respuesta institucional constante, cercana y efectiva.
Video:Sandra Mahecha – Secretaria de la Mujer Tolima
Vía:Oficina de prensa Gobernación del Tolima. impactotolima.com
Frente a este panorama, la Secretaría de la Mujer del Tolima ha fortalecido su estrategia basada en dos pilares fundamentales: la prevención y el acompañamiento integral a las víctimas. Más allá de atender la emergencia, el objetivo ha sido construir entornos seguros y rutas reales de acceso a la justicia para las mujeres.
Uno de los principales escenarios de atención son las Casas de la Mujer, espacios diseñados para brindar apoyo oportuno y especializado. Allí, equipos conformados por psicólogos y abogados realizan seguimiento a cada caso, ofreciendo contención emocional, orientación jurídica y acompañamiento permanente, entendiendo que cada historia requiere tiempo, escucha y empatía.
Sin embargo, la labor no se limita a la atención posterior a los hechos. La Secretaría ha puesto un fuerte énfasis en la prevención, llegando a los 47 municipios del Tolima con procesos de formación y capacitación en violencia de género, dirigidos a mujeres, comunidades e instituciones, con el propósito de reconocer las señales de alerta y romper los círculos de silencio.
La secretaria de la Mujer, Sandra Mahecha, subrayó la importancia de este trabajo territorial y preventivo:
“Nos preocupan profundamente los altos índices de violencia contra nuestras mujeres. Por eso hemos llegado a los 47 municipios del departamento para formarlas, capacitarlas y orientarlas. En ese compromiso nacen las Casas de la Mujer, como espacios donde ellas saben que tienen un lugar seguro, donde no están solas”, afirmó.
Desde la Secretaría de la Mujer del Tolima, el mensaje es claro: la violencia sexual no puede normalizarse y su erradicación exige acciones sostenidas, presencia institucional y un acompañamiento humano que ponga a las mujeres en el centro. Cada esfuerzo suma en la construcción de un territorio donde vivir sin miedo sea un derecho y no una excepción.
